Música dormida

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Música dormida

13 jul 2026

Fabricación de los Papiros

Aunque este blog se centra en aspectos musicales, he visto un vídeo en tiktok sobre la creación de un papiro. 

Se me ha hecho interesante mostrar esta información ya que el link de este blog lleva por nombre: "Papiro Hierático". 

Sin más , les dejo el video del Arqueólogo Daniel Puente:




Jaime Landini 

29 may 2026

Conversatorio sobre la Música Antigua. Eloy Cruz y Mónica López Lau

Conversatorio Perspectivas de la música antigua y del Renacimiento La creación de públicos para la música antigua en México. 

Eloy Cruz y Mónica López Lau





Con la intención de crear públicos para la Música Antigua en México, es necesario analizar el concepto de este género, estudiar el contexto de la época de su creación, compararla con la música contemporánea y buscar relacionar ambos públicos.

Se busca, también, saber cuáles son las dificultades de acercamiento del público en general y las alternativas para lograr dicho objetivo. 

Eloy Cruz estudia guitarra con Guillermo Flores y vihuela con Isabelle Villey. Es fundador de los grupos La Fontegara y de Tembembe Ensamble Continuo, ambos de música antigua. Autor de La Casa de los Once Muertos, Historia y repertorio de la Guitarra, así como de artículos sobre musicología e historia de la música. Actualmente es profesor de guitarra y música de cámara en la Facultad de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). 

Mónica López Lau tiene repertorios que abarcan desde el medievo, el renacimiento y el barroco, hasta música contemporánea. Después de formarse en Europa, regresa a México para fundar la carrera de flauta de pico en la Escuela Superior de Música del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). 

Es integrante del trío medieval Perfectas Anónimas, del ensamble de música antigua Escarlata, del ensamble de música contemporánea Liminar y del Kaput Project-teatro de figura y música.

Ponencia grabada en el marco de la exposición Opera Omnia, Las obras de arte en la era de la reproducción digital II, el 9 de mayo de 2019 en el Aula Magna José Vasconcelos del Centro Nacional de las Artes (CENART). Ciudad de México (CDMX).



19 may 2026

Erik Satie: del Chat Noir a Dadá

Siete trajes de terciopelo exactamente iguales. Más de cien paraguas acumulados en un departamento diminuto. Una habitación cerrada durante décadas a la que nadie tuvo acceso hasta después de su muerte. Cuando finalmente se abrió la puerta, aparecieron dibujos desconocidos, partituras apiladas y objetos conservados como si el tiempo hubiera dejado de avanzar. La vida de Erik Satie parecía funcionar bajo la misma lógica extraña y rigurosa que atraviesa su música.                                                                                                                              Erik Satie (Honfleur, 1866 – París, 1925) escribió en sus Mémoires d’un amnésique: “Tuve una infancia y adolescencia vulgares sin rasgos dignos de ser contados en escritos serios. Así que no hablaré de ellas”. Para el compositor, su verdadera biografía artística comenzó con el traslado de su Normandía natal a un París efervescente, donde la identidad creativa se forjaba en el asfalto y no en la academia.

Para seguir sus estudios en el Conservatorio de París se instaló en Montmartre, un barrio que funcionaba como el epicentro de la resistencia estética. Allí, Satie comenzó a acompañar al piano las representaciones de “teatro de sombras” en el mítico Chat Noir y, posteriormente, en el Auberge du Clou. Estos espacios no eran simples locales de ocio, sino laboratorios donde la imagen y el sonido empezaban a hibridarse.

En esos cabarets frecuentó a figuras como Claude Debussy, Alphonse Allais y Maurice Radiguet, con quienes mantuvo una estrecha amistad. También convivió con el grupo de pintores españoles formado por Rusiñol, Casas y Zuloaga, quienes lo retrataron en varias ocasiones. Esta convivencia temprana con la plástica definió su comprensión de la música como algo que, ante todo, posee una dimensión visual y espacial.

En sus primeras obras se apreciaba un interés por las formas medievales y la música gregoriana, pero siempre tamizado por un sentido del humor mordaz. Este humor impregnó sus parodias wagnerianas, con las que se opuso radicalmente a la estética de los impresionistas. Mientras otros buscaban la atmósfera etérea, Satie buscaba la línea clara, la austeridad y el despojo de lo ornamental.

A medida que avanzaba el siglo, la pintura se situó en la vanguardia de los grandes cambios estéticos, desde el simbolismo hasta el cubismo y Dadá. Satie fue un testigo privilegiado y un participante activo de esta evolución. Man Ray llegó a decir de él que era “el único músico que tenía ojos”, una frase que resume su capacidad para traducir la geometría y el concepto pictórico al lenguaje de las notas.

Su entorno siempre estuvo poblado mayoritariamente por pintores. Figuras como Suzanne Valadon, con quien mantuvo un romance intenso, o Pablo Picasso le retrataron capturando su esencia enigmática. Satie llegó a afirmar que “los pintores le habían enseñado música mucho mejor que los músicos”, reconociendo que su vocabulario sónico se alimentaba de la estructura del lienzo más que de la armonía tradicional.



Esa influencia mutua alcanzó su punto álgido en obras como Parade (1917), un espectáculo para ballet con libreto de Cocteau y decorados de Picasso. La obra causó un escándalo que le procuró un gran renombre entre los vanguardistas. En ella, Satie introdujo ruidos de máquinas de escribir y sirenas, integrando el objeto cotidiano en la partitura, de forma análoga a los collages cubistas o los ready-mades.

Tras su muerte, se descubrieron en su habitación numerosos dibujos realizados a lo largo de su vida. En ellos recreaba un mundo fantástico y onírico que guardaba celosamente. Estos trazos revelan que su proceso creativo era indivisible: el Satie dibujante y el Satie compositor operaban bajo la misma lógica de lo fantástico, anticipando las derivas del surrealismo que otros como Miró o Dalí explorarían después.

La trayectoria de Satie representa una evolución ligada a los cambios de paradigma estético de principios del siglo XX. De la sombra del cabaret a la ruptura total de Dadá, su música no fue solo un acompañamiento, sino una traducción sonora de la modernidad. Al final, su legado permanece como el de un artista que supo ver el sonido y escuchar la pintura en una simbiosis perfecta.


*Información tomada de la página de Facebook: 

Arte & Cultura del Centro de Salinas Pliego

20 feb 2026

WEISS

 

En el cementerio católico de Dresde se encuentra el monumento dedicado a Sylvius Leopold Weiss, figura central del repertorio laudístico del siglo XVIII. Su producción, celebrada por los poetas contemporáneos como música “que hace llegar al cielo” y capaz de “reconfortar y estremecer el corazón”, constituye uno de los testimonios más refinados del arte instrumental barroco tardío. En 1727, Ernst Gottlieb Baron publica su Historisch‑Theoretisch und Practische Untersuchung des Instruments der Lauten, donde analiza la estética emergente del galante Stile. Baron describe este estilo como moderno, cantabile y orientado al encanto y la claridad, en contraste con el contrapunto germánico tradicional. Afirma que las suites deben contener “ideas galantes acordes con la nueva música” y estar construidas según “la encantadora música galante de hoy”. Respecto a Weiss —a quien escuchó personalmente— Baron sostiene que “la manera weissiana de tocar el laúd es considerada la más conveniente, galante y perfecta de todas”. Sus partitas de galanterie “rebosan de ideas ingeniosas, encantadoras y adecuadamente enlazadas”, y su interpretación se caracteriza por una alternancia equilibrada entre fuerza y delicadeza. La consideración de Weiss como exponente del estilo galante revela la transición estética del laúd en el primer tercio del siglo XVIII, así como la recepción contemporánea de su obra como paradigma de modernidad y perfección. #claudiolaudista #earlymusicamerica #earlymusic #estilogalante #laudbarroco

Claudio Hernández 


11 feb 2026

Música, cosmos y mito en la antigua Grecia (III)

A partir de los siglos VI y V a.C. el concepto de música se transforma en la antigua Grecia. Primero, en autores como el poeta Píndaro e historiadores como Herodoto y Tucídides detentará una connotación espiritual y artística, posteriormente el vocablo “mousiké” (música) se vincula con el de poesía y da lugar a la poesía lírica (acompañada por la lira).


Sin embargo, para el siglo IV a.C. es ya reconocida como una “téchne” (técnica en el concepto griego amplio de lo que será el arte para los romanos), que abarca tanto al “lógos” (palabra) como a la melodía (“melós”), al ritmo (“rhythmós”) y a la danza (“orchēsis”). Al mismo tiempo, a la escuela pitagórica, de inspiración numerológica, se suma ahora una nueva corriente filosófica cuyo principal exponente es el peripatético Aristoxeno de Tarento (354 – 300 a.C.), antiguo alumno de Aristóteles y del pitagórico Jenófilo que será conocido por sus obras “Elementa armonica” y “Elementa rhythmica”.


La visión aristoxénica dirá que más allá de la razón, lo que predomina en el fenómeno musical es la percepción (“aísthēsis”) y la audición (“akoé”), debiendo dominar todo músico (“mousikós”) la armonía (“harmoniké”), rítmica (“rhythmiké”), métrica (“metriké”) y orgánica (“organiké”), comprendida ésta por cuanto al saber relacionado con los instrumentos musicales. Una muestra palpable de esta nueva concepción la aporta el paradoxógrafo Apolonio en sus “Mirabilia” al asentar cómo Aristoxeno, estando un día en Tebas, pudo sanar a un hombre que había enloquecido tras escuchar el sonido de una trompeta gracias a su interpretación en la flauta. Cura que habría logrado al restablecer la armonía en el cuerpo de dicho hombre a semejanza de la que existe en un instrumento musical. Analogía que -de acuerdo con el propio Aristoxeno- estaba relacionada con el hecho de que los intervalos musicales deberían ser calculados no tanto por sus proporciones matemáticas -como establecían los postulados pitagóricos-, sino con base en la percepción acústica.


Al mismo tiempo, son de destacar sus concepciones sobre la diferencia en el movimiento continuo de la voz humana (sonido del habla) y el discontinuo (sonido del canto), así como su distinción entre los géneros diatónico, cromático y enarmónico, vigentes hasta la actualidad. Aunado a ello, haber establecido como base de su teoría musical a las propiedades físicas del sonido y haber ideado un sistema que contemplaba una docena de notas, separadas todas ellas entre sí por un semitono, considerando que entre los sonidos existía un espacio geométrico igualmente estable, esto es, de altura similar, lo que daba por resultado un “temperamento” (“harmonikoi”) igual, lo que sería anticipación del concepto moderno de tonalidad: sistematización que ideó a fin de poder resolver la gran disimilitud que existía entre los pueblos griegos con relación a sus respectivas escalas. Noción de la que derivaría su propia definición de nota, entendida como la “incidencia de la voz sobre una determinada altura”, así como la de intervalo (“diastema”): aquello acotado por dos notas de distinta altura.


Lo paradójico es que en los siglos venideros poco se hablará de Aristoxeno. Éste debió esperar a la llegada del Renacimiento para que su obra fuera rescatada por teóricos musicales del humanismo como Heinrich Glareanus (Henricus Loriti) (1488-1563) -quien declaró en su obra “Dodecacordio” haber recuperado su sistema tonal- y Gioseffo Zarlino (1517-1590) que, siguiendo los preceptos armónicos aristoxénicos, logró perfeccionar y adecuar su escala con la del fenómeno físico-armónico, produciendo intervalos armónicos consonantes. Avances que, a finales del siglo XVII, darán paso al denominado temperismo que en la obra del “Clave bien temperado” de Johann Sebastian Bach adquirió su consolidación definitiva.


Sí, con Aristoxeno la conceptualización de la música griega comenzó a abandonar los espacios insondables del cosmos y del mito, dirigiéndose hacia una reflexión más objetiva, crítica, científica y, por supuesto, terrena, en la que la racionalización de los sonidos habría de imponerse. Era el emerger de la música como una verdadera ciencia de la melodía. Pero esta transición del pensamiento musical no significó el abandono definitivo de la concepción cósmica de la música.


La influencia pitagórica persistió en autores posteriores como Filolao, en los escritos atribuidos a Pseudo Plutarco -en quien la música continuó vinculada a la armonía del universo y al alma humana, desde el momento en que comprendían a la música mundana como eterna, al estar vinculada con los ciclos y números cósmicos-, así como en la temprana Edad Media. Sólo el Renacimiento hará mayor justicia y recuperará ambos caminos teórico-musicales: el pitagórico, que desde el espacio matemático y numerológico habrá de elevarse hacia la reflexión trascendente y cosmológica, propio de lo que Boecio llamaba “música mundana”, y el aristoxénico, que daría paso a un racionalismo sistemático en el que la teoría armónica terminará interconectada con la “música humana”. Renacía así la antigua música, eterna en número y alma, para la razón y arte de la posteridad.


Betty Zanolli 


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Música, cosmos y mito en la antigua Grecia (II)

Durante la edad arcaica, la gran información sobre la concepción desarrollada en torno a la música griega proviene principalmente de las obras de Homero, Hesíodo, Platón, Aristóteles y Pseudo Plutarco.


Periodo en el que la carga mítica será determinante, al grado que hacia el siglo VIII a.C., el gran Hesíodo escribe: “De las Musas y del flechador Apolo descienden los aedos y citaristas que hay sobre la tierra”, confirmando así su origen y naturaleza divinos y ofreciendo a la posteridad una de las primeras representaciones de este arte como parte estructural del orden cósmico.


No podía ser de otra forma, Hesíodo mismo ha invocado a las musas de Helicón para que le inspiren a narrar el origen de los dioses y del cosmos en la “Teogonía”, mientras que en “Los trabajos y los días” se dedica a plasmar el acompañamiento que a la vida cotidiana daba la música. Reconocimiento que, de acuerdo con Pseudo Plutarco, el propio Homero había también realizado cuando confirmó que la música “era útil al hombre” y le servía a éste en múltiples circunstancias. Por ejemplo, cuando sirvió a los alumnos de música, justicia y medicina del sabio Chirón: Hércules y Aquiles. A este último, particularmente cuando lo ayudó a calmar su cólera contra Agamenón, evidenciando con ello que dicho arte poseía una función recreativa, pero también de estrecho vínculo con los dioses. Asimismo, en los casos de los cantores Fermio y Demódoco, al que Homero llama el “divino aedo, a quien los númenes entregaron gran maestría en el canto para deleitar a los hombres”, habiéndole concedido la Musa “un bien y un mal: privóle de la vista y concedióle el dulce canto”.


Sin embargo, la música además de ser parte toral de la cosmovisión de los griegos detentaba también una función ético cognoscitiva, ya que no sólo era vía de encuentro y congraciamiento con la divinidad sino también medio para la educación ciudadana, para la sanación de toda enfermedad y camino para alcanzar la virtud. De ahí la idea de una “ética musical” que vincula a la moral con la pedagogía, psicología y terapia, pero también la noción de la “armonía de las esferas”, eje central del pitagorismo que influyó enormemente durante el helenismo y los primeros siglos paleocristianos. Noción según la cual los astros, en su movimiento, producían un sonido armónico imperceptible para el oído humano al tiempo que reflejaban el orden matemático del cosmos.


Y es que para Pitágoras la música está estrechamente vinculada con la metafísica, con el cosmos, con los números (que son orden y proporción) y con la “arithmós” (concepción derivada de “rythmós”, comprendida como un fluir), pues tal y como lo declaró Theon de Esmirna, la música es “la armonización de los opuestos, la unificación de las cosas dispares y la conciliación de lo contradictorio”. Visiones ambas para las que la idea de armonía se erige en símbolo del orden universal que une a todos los elementos cósmicos, a todas las formas elevadas de vida y a todas las estructuras del universo, siendo el cielo mismo escala musical (“harmonian”) y número. Razón por la que para entender a la armonía universal era necesario estudiar a las relaciones musicales. Veamos por qué. De acuerdo con Pitágoras, originario de Samos, Dios (Demiurgo) creó al cosmos (orden), mundo de los dioses y de los hombres y fundamento de la manifestación del logos. No obstante, para conocerlo requería de la interpretación numérica a fin de lograr su trascendencia, siendo sólo a través de la música su comprensión, en la medida que los intervalos musicales permiten comprender las proporciones matemáticas, por lo que la “armonía de las esferas” era el reflejo del orden matemático del cosmos.


Teoría que fundamentó el filósofo a partir de su antiguo monocordio, instrumento musical de una sola cuerda, gracias al que pudo determinar la existencia de relaciones matemáticas entre los diferentes sonidos de la escala musical. Fenómenos interválicos generados como resultado de la emisión de un sonido fundamental que recibieron, desde entonces, el nombre de “armónicos” y al suponer que los astros celestes estaban igualmente separados por distancias cuya longitud era similar a las que tenían los intervalos de las notas del monocordio, arribó a la conclusión de que todo movimiento sideral implicaría igualmente la producción de un sonido musical, bello y armónico, aunque no necesariamente audible al hombre. Sin embargo, al ser extendidos sus postulados al conocimiento del alma humana, el mismo filósofo concluyó que las matemáticas y la música podían sanar o enfermar al alma, de ahí su definición como “la medicina del alma” que retomará Platón y, siglos después, Boecio al afirmar que los intervalos musicales estaban relacionados con la moralidad y con la naturaleza humana.


Con el paso de los siglos, estos postulados serán rescatados en el Renacimiento, que valorará los efectos de la música en la respiración, presión sanguínea, actividad muscular y digestión, dando origen así a una nueva corriente no sólo ideológica y artística sino ante todo terapéutica. (Continuará)


Betty Zanolli 


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Música, cosmos y mito en la antigua Grecia (I)

Dentro de la historia de la música occidental, fue la cultura griega uno de sus principales pilares, ya que su impronta no sólo influyó en Occidente a través de la civilización romana en los ámbitos filosófico, cosmogónico, psíquico y pedagógico.


También lo hizo desde su perspectiva artística, particularmente musical, organológica y dramatúrgica. De ahí que la música para los griegos, además de haber constituido un arte libre e independiente, haya sido elemento esencial en la conformación espiritual intangible del pueblo heleno, desde el momento en que su propia génesis estaba íntimamente vinculada a su cosmovisión y a sus mitos. Prueba de ello es el mismo vocablo, cuya etimología latina deriva del vocablo griego “mousiké”, es decir, el arte relativo a las musas.


En este orden de ideas, un mito clave de Grecia y Roma, adoptado luego por Occidente, fue el de Orfeo, al que Íbico y Píndaro denominan “el padre de los cantos”, músico y poeta representado siempre con la lira, cuya principal función simbólica será la de poner en relieve el poder transformador de la música, tal y como Orfeo lo comprobó cuando cautivaba y conmovía lo mismo a las bestias feroces que a las piedras, a los hombres que a las sirenas, al dios de los muertos que a la Naturaleza en pleno.


Pero ni Orfeo ni las musas son los únicos personajes vinculados estrechamente con la música. La cosmovisión griega está impregnada de elementos musicales de principio a fin. Un ejemplo fueron Marsias, Hyagnis y Olimpo, reconocidos intérpretes del “aulós” (flauta). Instrumento que interpretaba Atenea, quien lo había creado (a la par que a la trompeta) para imitar el treno funerario de Medusa, pero al ver cómo su rostro se deformaba al hacerlo, lo arrojó lejos hasta que el sátiro sileno Marsias lo encontró, descubriendo que tocaba solo recreando las melodías de la diosa. Olimpo, por su parte, además de ser un destacado alumno de Marsias, fue admirado por Aristóteles, quien estaba cautivado por sus cantos funerarios elaborados en la escala enarmónica, en tanto que a Hyagnis, otro notable aulista, se le considera introductor en el aulós del modo frigio.


Otros orígenes divinos de los instrumentos musicales los encontramos con la siringa, atribuida a Pan, quien la construyó usando las cañas en que la ninfa Siringa se convirtió al huir de él gracias a la ayuda de las náyades, ya que al escuchar el viento pasar por ellas y pensar que eran sus lamentos, decidió unir los fragmentos con cera, conservándola cerca de sí desde entonces. A Hermes se le adjudica la lira, que entregó a Apolo en un intercambio, convirtiéndose en el instrumento preferido de éste, que a su vez es también reconocido como creador de la cítara, sobresaliendo entre los grandes tañedores de ambas Arión de Lesbos: hijo de Poseidón y de la ninfa Oncea, a quien se debe la creación de los ditirambos o cantos en honor a Dionisos y antecedentes directos de la tragedia, así como Eumolpos de Tracia, cuyo nombre significa la “verdadera melodía”. Fundador de los ritos eléusicos, fue padre del médico adivino Museo y maestro del inmortal Orfeo. Por lo que respecta al tambor, a los “krotala” y a los címbalos, se cree que su creadora fue Cibeles. En cuanto al “barbiton” (variante de la lira), se atribuye a Terpsícore, y la “salpinx” (trompeta de guerra), a Hermes y Atenea.


Sin embargo, con el paso del tiempo fue el aulós el que se vinculó cada vez más con los cultos dionisíaco y cibelino, y la lira con el de Apolo, convirtiéndose ambos instrumentos en los preferidos tanto de la juventud ateniense como espartana. Dualidad estética que pronto dividió a Grecia en dos tendencias: la apolínea, suave y profunda, encarnada por la lira, y la dionisíaca, festiva y desenfrenada, representada por el aulós, tal y como lo registrará el propio Nietzsche.


Finalmente, las musas, hijas de Zeus y Mnemósine, patronas de artes y ciencias, música y poesía: Calíope (la de la bella voz), musa de la poesía épica, narración y elocuencia, portaba una trompeta mientras aconsejaba a los dioses; Clío (la que alababa y ofrecía gloria), musa de la historia, usaba una cítara con plectro; Erato (la amorosa), musa de la poesía lírica-amorosa, una pequeña lira; Melpómene (la melodiosa), musa de la tragedia y del canto, un aulós; Polimnia (la de los muchos himnos), musa de los cantos sagrados y poesía sacra, tocaba la lira, al igual que Talía (la festiva), musa de la comedia y poesía bucólica; Terpsícore (la que deleita con la danza), intérprete de poesía coral, creó el “barbiton”, una especie de lira; Urania (la celestial), musa de la astronomía, se consagró a la poesía didáctica y las ciencias exactas, y Euterpe (la placentera), la musa por excelencia de la música, quien tocaba el doble aulós.


Figuras míticas, vinculadas al canto, estaban relacionadas con Apolo en su advocación de Apolo Musageta como director de su coro. Hijo de Zeus y Leto, hermano de Artemisa, era el dios de la belleza, perfección, armonía, equilibrio, razón, arte y música en particular. Dios mayor que portaba por ello siempre una lira, y a quien le acompañaba una cigarra, como símbolo de dicho arte.


Betty Zanolli


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El Foli

En la cosmovisión Malinké, el foli no es un acompañamiento sonoro de la vida: es la forma misma que toma la vida. El ritmo no aparece cuando comienza la música; ya está ahí, organizando el cuerpo, el trabajo el habla y la relación con los otros. Caminar tiene un tempo, moler grano tiene un pulso, cargar agua exige una cadencia compartida. Así el foli estructura el tiempo social: coordina esfuerzos, sincroniza cuerpos y convierte lo cotidiano en una acción colectiva. No sé trata de "hacer música", sino de habitar un orden rítmico que procede al individuo. 


En este sentido el ritmo funciona como lenguaje universal, porque no necesita traducción verbal, antes de las palabras el cuerpo entiende. El aprendizaje del foli ocurre por imitación y participación, no por instrucción formal: se incorpora desde la infancia, se siente en los músculos y en la respiración. El tambor lejos de ser un instrumento aislado, articula mensajes: convoca, celebra, advierte, recuerda. Cada patrón rítmico tiene un sentido social y emocional preciso, y la comunidad lo reconoce de inmediato, el ritmo comunica pertenecia. 

Documental en Youtube

Arte Knbal

Arte Knbal



10 jul 2019

EL SILENCIO aproximaciones.


– David Le Breton

La disolución mediática del mundo genera un ruido ensordecedor, una equiparación generalizada de lo banal y lo dramático que anestesia las opiniones y blinda las sensibilidades. El discurso de los medios de comunicación posterga el juicio reflexivo a favor de una voz incontinente y sin contenido. Y, sin embargo, esta saturación lleva a la fascinación por el silencio. Kafka lo decía a su manera: “Ahora, las sirenas disponen de un arma todavía más fatídica que su canto: su silencio”.

Reivindicar el silencio en nuestros días se convierte así en algo provocador, contracultural, que contribuye a subvertir el vacuo conformismo y el efecto disolvente del ruido incesante. El silencio puede asumir entonces una función reparadora, eminente terapéutica, y venir a alimentar la palabra del discurso inteligente y la escucha atenta del mundo.

El único silencio que conoce la utopía de la comunicación es el de la avería, el del fallo de la máquina, el de la interrupción de la transmisión. Este silencio es más una suspensión de la técnica que la afloración de un mundo interior. El silencio se convierte entonces en un vestigio arqueológico, algo así como un resto todavía no asimilado. Anacrónico en su manifestación, produce malestar y un deseo inmediato de yugularlo, como si de un intruso se tratara. Señala el esfuerzo que aún queda por hacer para que el hombre acceda al fin a la gloriosa categoría del homo communicans.

Pero, al mismo tiempo, el silencio resuena como una nostalgia, estimula el deseo de una escucha pausada del murmullo del mundo. El turbión de palabras hace más apetecible aún el sosiego, el goce de poder reflexionar sobre lo que sea y hablar empleando el tiempo preciso para que la conversación avance al ritmo marcado por las propias personas, y se detenga, a la postre, en el rostro del interlocutor. Entonces el silencio, tan contenido como estaba, cobra un valor infinito. Surge entonces la gran tentación de oponer a la profusa “comunicación” de la modernidad, indiferente al mensaje, la “catarsis del silencio” (Kierkegaard), con la esperanza de poder restaurar así todo el valor de la palabra.

Cada vez resulta más difícil entender este mundo que la interminable proliferación de discursos intenta explicar. La palabra que difunde la multitud de medios de comunicación carece de relieve, diluida como está en su propia saturación. Impera a la postre una suerte de melancolía del comunicador, obligado a reiterar un mensaje inconducente, esperando que algún día algún mensaje llegue a tener alguna resonancia. Cuanto más se extiende la comunicación más intensa se hace la aspiración a callarse, aunque sea por un instante, a fin de escuchar el pálpito de las cosas o para reaccionar ante el dolor de un acontecimiento, antes que otro venga a relegarlo, y luego otro, y otro más... en una especie de anulación del pensamiento en un torrente de emociones familiares cuya insistente evanescencia aporta sin duda consuelo, pero acaba ensombreciendo el valor de una palabra que condena al olvido todo lo que enuncia. La saturación de la palabra lleva a la fascinación por el silencio. Kafka lo dice a su manera: “Ahora, las sirenas disponen de un arma todavía más fatídica que su canto: su silencio. Y aunque es difícil imaginar que alguien pueda romper el encanto de su voz, es seguro que el encanto de su silencio siempre pervivirá”.

El imperativo de comunicar cuestiona la legitimidad del silencio, al tiempo que erradica cualquier atisbo de interioridad. No deja tiempo para la reflexión ni permite divagar; se impone el deber de la palabra. El pensamiento exige calma, deliberación; la comunicación reclama urgencia, transforma al individuo en un medio de tránsito y lo despoja de todas las cualidades que no responden a sus exigencias. En la comunicación, en el sentido moderno del término, no hay lugar para el silencio: hay una urgencia por vomitar palabras, confesiones, ya que la “comunicación” se ofrece como la solución a todas las dificultades personales o sociales. En este contexto, el pecado está en comunicar “mal”; pero más reprobable aún, imperdonable, es callarse. La ideología de la comunicación asimila el silencio al vacío, a un abismo en el discurso, y no comprende que, en ocasiones, la palabra es la laguna del silencio. Más que el ruido, el enemigo declarado del homo communicans, el terreno que debe colonizar, es el silencio, con todo lo que éste implica: interioridad, meditación, distanciamiento respecto a la turbulencia de las cosas -en suma, una ontología que no llega a manifestarse si no se le presta atención.



Libro en PDF

15 mar 2019

Percepción Evanescente

En 2011 comencé mi investigación en torno a la ecolocación humana, la verdad es que no sabía si era posible que los seres humanos pudiéramos desarrollar esa habilidad, así que en el 2013 me fui a hacer una residencia con el Dr. Juan Antonio Martínez de la Universidad de Alcalá de Henares en España porque tenía publicaciones muy poderosas sobre el tema y resultó que todas mis intuiciones eran ciertas, él me entrenó en ecolocación cual maestro sensei, y me mostró una variación de la producción de los clicks palatales que permitían una percepción mucho más fina del entrono... Desarrollamos varios ejercicios sobre esta "percepción evanescente" como la bautizó. Para finales de mi residencia ya estaba encontrando gritas en las paredes con esta nueva técnica que estuvimos desarrollando!!!!
El Dr. Juan argumentaba (con sólida investigación) que la percepción evanescente era muy parecida al fenómeno del fenómeno cuántico conocido como "efecto túnel" lo que significaría que el sonido podría comportarse como paquetes de energía, es decir llevar masa, algo así con un fotón, pero en el mundo del sonido, un FONON. Cito aquí al Dr. Martínez de su texto: Remote Vibroception: Can humans sense through acoustic tunneling?
"Cuando los chasquidos palatales naturales o algunas vibraciones corporales son estructuradas como patrones rítmicos precisos, una nueva modalidad sensorial emerge la cual no depende de escuchar ecos. Esta nueva percepción, remota o vibrocepción evanescente, es similar a la exploración vibrotáctil de objetos, pero sin contacto directo. Esta habilidad sensorial puede ser rápidamente desarrollada a través de una técnica de entrenamiento relativamente fácil... El análisis de datos experimentales sugiere fuertemente que esta vibrocepción remota puede ser interpretada como una combinación compleja entre efecto túnel acústico de vibraciones infrasónicas cerca de la resonancia del cuerpo humano, percepción vibrotáctil sin escucha y biorretroalimentaciónneural y cognitiva."
Cabe mencionar que este fue rechazado de manera muy categórica y violenta por los revisores, por lo que permanece sin publicar en mi disco duro...
Dejé un poco de lado el desarrollo de esta técnica hasta que no tuviera la oportunidad de poder hacer algún experimento que diera pruebas más experimentales, pero al investigar resultaba extremamente caro :(


Y bueno ahora que sale a la luz esta publicación: https://journals.aps.org/prb/abstract/10.1103/PhysRevB.97.134516?fbclid=IwAR2m1wNroe0-tHwufXIc93QZRfkKSxNLtOxSDolMuY66Gkj4IgcdnLa2NGM se renueva el entusiasmo, no por demostrar nada en absoluto, sino porque me afirma personalmente que la afectividad, intuición y sensibilidad pueden generar teorías de lo más abstractas y formales, a veces de una manera más contundente que la que persiguen personas formadas en el positivismo científico. (El arte sí puede cambiar el mundo, poquito ;) )
Pronto retomaré en mi solfeo del espacio mi plan de entrenamiento de la percepción evanescente... Acá a continuación mi texto sobre la formalización de un método espacial para el análisis y al creación (que definitivamente aborda tres tipos de acercamientos geométricos del mundo lineal y no lineal)
http://www.jaimelobato.com/wp-content/uploads/2017/08/ISBN%20978-84-608-8201-5-%20ESPACIOS%20SONOROS%202014-EXPERIMENTACION%20SENSORIAL%20Y%20ESCUCHA%20ACTIVA%20.pdf?fbclid=IwAR3Uv0-IXCV66Q0hqMZXLMHAm437e3wNF8jeoLVnVjrFa7NqNOCH9tyuiYk

La mejor y más fina tecnología es nuestra cognición, ningún cacharro elñectrónico aún ha logrado expandirnos, eso es mero marketing :) <3 p="">
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https://phys.org/news/2019-03-evidence-mass.html?fbclid=IwAR1q7qOY3LaSa_u0lGEr-j_jdoTj466QlP8342nRVJfmt47rlzPiPlz6PYI


Jaime Alonso Lobato Cardoso

Bayaka

“Los baka escuchan el fluir del agua, el chasquido de los troncos, el trino de las aves y el susurro y vuelo del viento. La selva ha afinado su oído y hoy saben interpretar a coro sus melodías. La selva es una orquesta a la que los baka añaden su voz”.

Una mujer baka, escuchando a las aves, sabe si su marido ha tenido éxito en la caza.

"El norteamericano Louis Sarno escuchó a los 30 una melodía irresistible en una radio holandesa. Y nunca más se la quitó de encima. Aquella trenza polifónica de voces de mujer, sonidos refinados de garganta, melodías expansivas y menguantes, repeticiones infinitas…, pura magia, causaron un salto de ida en su vida. Le enterneció la voz de un pueblo hasta entonces sin nombre en sus libros. Y desapareció en el aeropuerto de Bangui, capital de la República de Centro África. Tras meses perdido y desaparecido sobrevivió a la hepatitis, malaria y la lepra alimentándose de renacuajos en las selvas tropicales centroafricanas. Y el Herodoto musical de las selvas encontró a la tribu pigmea de los baka. Luego de 25 años con ellos, casado y padre de dos niños, escribió "El sonido del bosque", y recogió 500 horas de su música, en su investigación “uno de los tesoros más preciados de la humanidad, anterior a las pirámides”.

Mikel Arizaleta.



Una Antropóloga en la Luna

1 ene 2019

The Division of the Octave





De una Conversación entre Ernest Guiraud y Debussy, Debussy: VOLUMEN 1. 1862-1902: su vida y mente (por Edward Lockspeiser)

Cuál es la esencia del Sonido?


Pitágoras medita en la naturaleza de las cosas, y cerca de su retiro un artesano trabaja el hierro; desde lejos se escucha el golpe, unas veces opaco y otras sonoro, del martillo contra el yunque. El timbre intermitente del metal herido despierta ecos extraños en la conciencia del filósofo. Parece que su alma resuena siempre que el yunque da al aire su vibrante clamor: igual que la cuerda de la lira vibra simpáticamente cada vez que estalla una nota en la cuerda próxima. Y debe haberse preguntado una y varias veces, ¿cual es la esencia del sonido? La materia posee una voz que repercute en las almas; no siempre es muda su expresión misteriosa, sabe cantar con voces unísonas del espíritu. ¿Por qué unas veces su sonido es agradable, concuerda con los deseos de nuestra vida interna, y otras la perturba o la deja indiferente? ¿cual es el orden necesario al sonido para sernos simpático? Así debe haberse preguntado, mientras investigaba los fenómenos, no a la luz de un principio, sino poniendo su alma, trémula todavía con el eco de los sonidos musicales, frente a todas las cosas. Y sintió que las penetraba, como si por alma llevase la cuerda sensitiva de la lira, tal y como las afecta y penetra el sonido. Al descubrir en todo una energía interna desarrollándose como música, debe haberse dicho: cierto ritmo está en la esencia de todas las cosas.

José Vasconcelos.


Por qué?

"Muchos me preguntan por qué me levanto a las cuatro de la mañana desde hace más de 20 años. ¿Sabe por qué elijo esa hora?... Porque el hombre aún no ha empezado a sufrir. A esa hora estoy puro, limpio, en silencio, y escribo mientras la familia duerme. Entonces, todo yo soy una esponja que absorbe. Leo idiomas, gramáticas, filosofía o escribo mis propios asuntos.
La noche no me gusta. Quizás porque los fantasmas vienen al anochecer. Con esto quiero decir que los fantasmas vienen después que el hombre sufrió.Y el hombre empieza a sufrir cuando sale a la calle a ganarse el pan de sus hijos... y se topa con el otro hombre.
Entonces, recién entonces, comienzan a salir los lobos que cada cual tiene adentro".

Atahualpa Yupanqui

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ANTROPOLOGÍA DE LA MÚSICA: DE LOS GÉNEROS TRIBALES A LA GLOBALIZACIÓN




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"ANTROPOLOGÍA DE LA MÚSICA: DE LOS GÉNEROS TRIBALES A LA GLOBALIZACIÓN"
Carlos Reynoso

Vol 1 ADM
Vol 2 ADM II

Historia de la Guitarra. Martín Pedreira


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Queridos amigos:
Deseo compartir con ustedes mi libro "Historia de la Guitarra. Selección de lecturas". El mismo responde al programa de esta asignatura para los estudiantes del instrumento en el Instituto Superior de Arte de La Habana. Lógicamente, en él me he extendido especialmente al tratar la guitarrística cubana.
De entre muchas colaboraciones, deseo agradecer especialmente la recibida por parte de los maestros Elías Barreiro, Eloy Cruz y Eduardo Garrido.
El link para descargar el libro es:
Historia de la Guitarra
¡Espero que este trabajo les sea útil!

Nada es Sagrado


He estado recorriendo varias veces por este limbo, he estado viendo como el único testigo de mi fragmentada existencia me observa desde el cielo con su fantasmal resplandor. Estoy cansado mis piernas, están al borde del colapso y solo quiero volver a ver a otro ser vivo como yo, no logro distinguir el tiempo transcurrido desde que llegue aquí, solo puedo limitarme a estar consciente de mi condición, pues mi hambre me condena a un dolor inaguantable, y mi sed , mi sed me tortura constantemente, pero no he muerto, no he podido morir, suplico a la entidad sobre mi que me mate lo mas rápido posible, mis piernas aunque las siento colapsar, aun continúan moviéndose, ¿porque? no tiene sentido, mi cuerpo se mueve a voluntad propia, pero el dolor del desgaste físico en el, es algo que no logro aguantar, Dios...alguien ayúdeme.
-Aun no eres perseverante-exclamo la presencia pálida en los cielos, que desde que llegue aquí ha tratado de comunicarse conmigo, y sus innumerables susurros, tratando de trasmitir aquel mensaje en lenguas tan extrañas que parecían ser sonidos irracionales que mi mente no lograba entender con exactitud.
Estoy a punto de perder mi consciencia y solo ser un caminante, errante, sin alma, ni voluntad...ahora lo entiendo, lo que me contó aquel que se hace llamar el predicador del abismo: "nada es sagrado".

By AbyssPreacher

La voz india


..."En cuanto a la voz, Sahagún postula al indio como poseedor de una tecnología de escucha y vociferación con fuertes elementos diabólicos, pero que puede ser redireccionada por la empresa misionera para reeducarles. A Sahagún le interesa extirpar los componentes obscuros de la posesión en la voz india (prehispánica) pero le interesa redisponer de ese aparato psicosocial para instalar otra voz. Ese aparato incluye a la lengua y retórica nahuas."...


21 nov 2018

La música y el origen del Universo (II)

“El silencio es música”
Uberto Zanolli


La semana pasada hablábamos de Pitágoras y el cosmos, de su armonía y los armónicos, de la música de las esferas, el mundo planetario de movimiento rítmico, perpetuo, que Platón, Kepler y Newton retomaron después, como lo haría a principios del siglo XX Nikola Tesla, una de las mentes más brillantes y visionarias de la humanidad, al declarar: “Si quieres entender el universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración… la Tierra es un conductor de resonancia acústica”. La energía da vida a la materia. “No hay espacio vacío en este planeta, ni en el Universo”. “Los agujeros negros, de los que los astrónomos hablan, son las fuentes más potentes de energía y vida”, porque la obscuridad “es la verdadera naturaleza de la luz” y la “energía es luz”.

Partiendo de sus postulados: si todo es luz porque todo es energía y vibración y frecuencia son los elementos creadores de la energía, todo apunta a que el principio generador del Universo no es otro en realidad que la música. Y lo sabemos: allí donde exista una onda, hay una vibración y, por ende, una frecuencia, y hasta la más pequeña contiene en sí a la esencia musical. Tesla así lo advirtió, de una forma más poética, evanescente, diáfana, cuando recurrió a la música para explicar al universo y nada mejor que sus propias palabras, expresadas en 1899 y solo conocidas hasta 2015:

“Yo soy parte de una luz y es la música. La luz llena mis seis sentidos: la veo, oigo, siento, huelo, toco y pienso. Pensar en ella es mi sexto sentido. Las partículas de luz son notas escritas. Un rayo de luz puede ser una sonata entera. Mil bolas de relámpagos son un concierto... Acerca de Pitágoras y las matemáticas, un científico no puede y no debe infringir de estos dos. Los números y las ecuaciones son signos que marcan la música de las esferas. Si Einstein hubiera escuchado esos sonidos, no habría creado la Teoría de la Relatividad. Estos sonidos son mensajes dirigidos a la mente sobre que la vida tiene un sentido, que el Universo existe en perfecta armonía, y su belleza es la causa y efecto de la Creación. Esta música es el ciclo eterno de los cielos estelares. La estrella más pequeña ha completado la composición y también es parte de la sinfonía celestial. Los latidos del corazón del hombre son parte de la sinfonía de la Tierra. Newton aprendió que el secreto está en disposición geométrica y el movimiento de los cuerpos celestes. Reconoció que la ley suprema de la armonía existe en el Universo. El espacio curvo es el caos, el caos no es música. Einstein es el mensajero de la época de ruido y de furia”.

Imposible no transcribirle. Impecable su argumentación en torno a la esencia, al alma musical del Universo.

Más de siete décadas después, en los 70, iniciará la teoría de cuerdas, una de cuyas ramas es la del campo de cuerdas. La base de ella será la música, al interpretar que las partículas de la naturaleza son “estados vibracionales”, una especie de “pequeñas cuerdas vibrantes” de un objeto extendido: “cuerda” o “filamento”, de mode que un electrón no será un punto sino un conjunto de cuerdas minúsculas que vibran en un tiempo -espacio de más de cuatro dimensiones. Visto así, el Universo sería una sinfonía de cuerdas vibrantes. Michio Kaku, uno de sus exponentes, referirá que para el propio Einstein “todo en la vida es vibración”, por lo que cada átomo y molécula oscilan y vibran en una frecuencia determinada. La prueba en el mundo microscópico la tenemos cuando al observar las partículas más pequeñas, la materia desaparece porque emerge el vacío, pero el vacío es energía y vibra y tiene frecuencia. Sí, la misma conclusión a la que hace un siglo había arribado Tesla.

Hoy en día la física y la astrofísica, para explicar el origen del Universo, recurren a los mismos conceptos de la escuela pitagórica y tesliana: vibraciones, oscilaciones, frecuencias, espectros, armonía. Han descubierto que al ser desexcitado un átomo los rayos emitidos presentan una secuencia numérica similar a los intervalos musicales, los mismos que Pitágoras descubriera pero ¿por qué hablar de todos sus elementos y no directamente de ella, de la música? Porque implicaría reconocer que al final todo estaba en el principio, en ella.

A este punto ¿qué decir de la música y el origen del Universo desde las visiones de Tesla y Einstein? La rivalidad fue evidente entre ambos pero más que explicable. Eran dos genios, solo que uno más inspirado y otro más conocido.

Einstein declaró que el éter no existía, pero en 1920 lo aceptó, solo que el mundo científico ya no lo registró. Tesla para entonces rechazaba la teoría de la relatividad, pues creía, entre otros aspectos, que había velocidades superiores a la de la luz, pero sus escritos al respecto no se conocieron y siguen sin conocerse, pero hay una clave en sus palabras la que tal vez encierre su mayor verdad: “Una vez creado, el sonido dura para siempre, para un hombre puede desaparecer, pero sigue existiendo en el silencio que es el mayor poder del hombre… el éter existe, y sus partículas son las que mantienen el universo en armonía y la vida en la eternidad”.

Si Tesla tuviera razón –como creo-, corroboraríamos que la música es el origen del Universo, esencia de su armonía y de la eternitud de la vida.


@BettyZanolli
bettyzanolli@hotmail.com
El Sol de México

La música y el origen del Universo (I)


Se podría pensar que la música es eminentemente obra de la creación humana y que hablar de ella es aludir, en consecuencia, al hombre mismo y sin duda lo es, solo que la música no es un producto exclusivamente humano. El que el hombre produzca sonidos, los articule y con ellos elabore un mensaje artístico es un prodigio, pero la realidad es que la música preexiste y anticipa al ser humano porque es parte sustantiva de la esencia de la vida misma en el planeta y allende éste, como lo prueban las innumerables manifestaciones sonoras que desde el principio de los tiempos debieron haber existido. Milenios atrás así lo había anticipado Pitágoras, cuando denominó por primera vez “cosmos” al Universo, en tanto sinónimo de orden y adorno, lo “bellamente ordenado”. Ahora bien ¿cómo interpretar ese orden? De acuerdo con la visión pitagórica, a partir de los conceptos de límite y número, por ser éste el principio fundamental generador del que emana el orden que dispone, embellece y da sentido a la esencia que da vida al Universo: la armonía, porque nada es tan perfecto e infinito como ella, como lo comprueba la fascinante secuencia numérica de los armónicos que se producen, de forma espontánea e invariable en la Naturaleza, a partir de un tono fundamental. ¿Génesis de la vida cósmica?

Al paso de los siglos, Platón sucumbirá al sortilegio pitagórico, como lo evidencia su Timeo, y más tarde lo hará el Medioevo: en el siglo VI de nuestra era, al declarar Boecio que la armonía es el principio rector del Universo; hacia el siglo IX, Escoto Erígena al describir que la belleza del Universo es comparable al de una sinfonía polifónica y, para el siglo XI, Otloch en Ratisbona, al postular que a la armonía celeste solo podrían igualarla los intervalos musicales justos. Sin embargo, será la Catedral de Chartres la que hacia los siglos XII y XIII se constituya, en gran medida por el impulso del obispo Fulberto, en el espacio artístico-religioso por excelencia al encarnarse en la materialización de la más profunda y fascinante exaltación simbólica y alegórica del arte musical en relación con la ciencia hasta hoy conocida, pero había una poderosa razón: Chartres fue construida bajo la inspiración del pensamiento pitagórico y platónico para ser visualizada como la representación microcósmica del macrocosmos universal, originado y fundamentado en la armonía. Por eso toda su geometría constructiva es proporción y, en su búsqueda de la consonancia musical perfecta, toda ella alude a intervalos musicales (unísono, cuarta, quinta y octava) -el equivalente de la proporción geométrica continua que Platón definiera como la más bella de las relaciones matemáticas- e incorpora permanentemente estrellas de cinco puntas y pentagramas -su elemento originario, símbolo pitagórico por excelencia, pero también insignia sublime del amor y la belleza-.

Gracias a ello, proporción áurea, número de oro, interválica perfecta, música de las esferas, todas ellas a la vez, coincidirán con las relaciones astronómicas evidenciadas en la ubicación y orientación de los elementos de la estructura del edificio catedralicio, como en el caso de la constelación de Virgo, confirmando que no fue casualidad que hubiera múltiples construcciones religiosas medievales consagradas a la Virgen María, siendo la Catedral de Notre Dame en París, aquélla que fue cuna de la polifonía musical, el mejor y más vivo ejemplo de ello, pero Chartres no podía quedar atrás: una de las arcadas principales de su portada, mostrará a María encarnada como sede de la sabiduría y rodeada por el quadrivium, suma del saber medieval constituido por las cuatro ciencias matemáticas: aritmética, astronomía, geometría y música.

Para el siglo XIV otros vientos soplarán en Chartres, es el Renacimiento que está por arribar y con ello el crepúsculo de la obra francigenum, el estilo artístico que había nacido en el corazón del antiguo reino franco situado en la Ile de France y al que Vasari bautizó como gótico, a partir de sus primordios arquitectónicos en los monasterios cistercienses y en la Basílica de Saint-Denis y que perduraría hasta su plenitud en las catedrales de Reims, Colonia, León, Estrasburgo y, sobre todo, Notre Dame y Chartres: la catedral concebida como templo musical, cuya belleza era debida, según descripción de Roberte Grosse-téte en el siglo XIII, “a la simplicidad por la cual la luz va al unísono con la música, más armoniosamente vinculada a sí misma por la ratio de igualdad”. Luz que provenía del vitral: el más grande misterio de la alquimia, el más bello y paradigmático emblema del arte gótico.

Sí, la música ha estado presente desde el albor del Universo, porque allí donde haya una vibración, estará siempre contenido el germen musical. Por algo Uberto Zanolli, al explicar la estrecha relación entre Física y Música, lo declaró: “Por axioma, si admitimos que la música pertenece a la acústica y la acústica a la física, la física es música”. Y esto la ciencia lo sabe, cada vez con mayor contundencia ¿no acaso el Universo es un Universo vibratorio? ¿No acaso se ha demostrado que la vibración sonora se convierte en luz y que todo lo que existe posee frecuencia y ritmo?

En pocas palabras, estamos a punto de arribar y descubrir una nueva pero ya intuida concepción cósmica y, por tanto, del origen de la fysis: el Universo comprendido como un ente armónico, polirrítmico, polifrecuencial y, por tanto, musical.

Betty Zanolli
El sol de México